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Te pasás a responsable inscripto: qué cambia en la operación

Se vive como un trámite y es un cambio de negocio: te toca los precios, te suma trabajo todos los meses y te mete en la caja plata que no es tuya.

Por Ruben Urdaneta — construí una distribuidora de doce personas antes de construir el sistema que la ordena.

Pasar a responsable inscripto se vive como un trámite y es un cambio de negocio. El trámite lo resuelve tu contador en una tarde. Lo que viene después te cambia los precios, la carga administrativa y hasta a quién le podés vender.

Esta guía no te dice si te conviene —eso depende de tus números y lo define tu contador—. Te dice qué te va a cambiar del lado del mostrador, que es lo que casi nadie te anticipa.

1. Tus precios no suben, pero al consumidor final se lo parece

Como monotributista, el precio que ponés es el precio que cobrás. Como responsable inscripto, ese mismo precio lleva IVA. Si no cambiás nada, lo que ve el cliente es que aumentaste.

Acá hay dos caminos y los dos cuestan:

Qué hacésQué pasa
Sumás el IVA arriba del precio actual El cliente ve un aumento fuerte de golpe. Si tenés competencia al lado, lo notás en la venta.
Absorbés el IVA dentro del precio actual El cliente no nota nada y vos perdés margen. Tu ganancia por unidad baja ese mismo día.

La decisión hay que tomarla producto por producto, no de una sola vez para todo. En lo que competís por precio, absorbés; en lo que tenés diferencial o poca competencia, trasladas. Para eso hace falta saber cuál es tu margen en cada cosa —y ese es justo el número que casi nadie tiene el día que se cambia de categoría.

Lo que hay que tener resuelto antes, no después

El margen de tus veinte productos que más salen. No de todos: de los veinte que mueven la caja.

Sin eso, la decisión de absorber o trasladar se toma a ojo, y se toma una sola vez para todo el negocio. Es la manera más cara de resolverlo.

2. Empezás a emitir A y B, no una sola factura

De monotributista emitías C y listo. Como inscripto tenés que distinguir: A cuando le vendés a otro responsable inscripto, B cuando le vendés a consumidor final. Eso significa que ahora te importa la condición fiscal de cada cliente, y que la tenés que tener cargada antes de facturar, no mientras el cliente espera.

La contracara es buena: recién ahora podés venderle a empresas que necesitan factura A. Para muchos negocios chicos ese es el motivo real del cambio, más que el tope.

3. El IVA no es tuyo, aunque pase por tu caja

Este es el que más aprieta y el que menos se anticipa. El IVA que le cobrás al cliente entra a tu caja durante todo el mes, y después hay que depositarlo. Es plata que está en tu caja y no es tuya.

Si lo mirás como ingreso —y la caja no te avisa que no lo es—, lo vas a usar para comprar mercadería. Después llega el vencimiento y falta. No es un problema de rentabilidad: es un problema de que un mismo montón de plata parecía dos cosas a la vez.

La regla

“El IVA que cobro no entra en la cuenta de lo que tengo. Lo separo el mismo día, aunque lo pague dentro de un mes.”

4. La prolijidad deja de ser opcional

De monotributista podías llevar el negocio con un cuaderno y ponerte al día antes del vencimiento. Como inscripto hay declaraciones mensuales, y para hacerlas hace falta que las compras y las ventas estén cargadas cuando pasaron.

La mayoría descubre esto en el segundo mes, con dos meses de facturas de proveedor en una caja y el vencimiento encima. No es que el trabajo sea mucho: es que juntado se vuelve insoportable.

Los cuatro números que querés tener antes de cambiar

  1. Cuánto facturaste en los últimos doce meses. Es lo que dice si el cambio te lo va a imponer el tope o lo estás eligiendo vos.
  2. El margen de tus veinte productos más vendidos. Es lo que decide qué absorbés y qué trasladas.
  3. Cuánto de lo que vendés va a empresas. Es el beneficio real del cambio, y muchas veces lo justifica solo.
  4. Cuánto te lleva hoy cerrar un mes. Multiplicalo: como inscripto lo vas a hacer todos los meses, sí o sí.

Nada de esto es asesoramiento impositivo: las categorías, los topes, las alícuotas y los plazos los define ARCA y te los confirma tu contador. Acá hablo de lo que cambia del lado del mostrador.

Esto se puede hacer a mano

Los cuatro números de arriba salen de una planilla si tenés la disciplina de cargarla. Si preferís que estén solos —con las facturas A, B y C saliendo de la misma venta, con CAE y QR—, para eso hice Operix: 14 días con todo abierto y sin tarjeta.

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